La
crisis alimentaria en África va en aumento. El reciente incremento
en los precios de los productos básicos golpeará fuertemente
muchos países en desarrollo y éste es particularmente
el caso de África que deberá encontrar recursos financieros
para garantizar las importaciones de productos alimenticios que rondan,
como promedio, los 17 mil millones de dólares EE.UU. al año.
En el ámbito continental está claro que África no ha podido intensificar la producción agrícola y producir comercio intra-continental para abastecer las ciudades cada vez más grandes o contrarrestar la inestabilidad de la producción de secano.
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La crisis alimentaria que amenaza el continente africano no es solamente
el resultado de la falta de inversiones en el sector agrícola,
sino también es producto de su vulnerabilidad al clima
ya que la mayor parte del cultivo africano se produce en condiciones
de secano. La dependencia del continente de la agricultura y
sus muy bajos niveles de irrigación lo vuelven particularmente
vulnerable a los caprichos de su clima altamente variable. África
ha experimentado además, en las últimas décadas,
un incremento de la degradación ambiental a saber, deforestación,
desertificación, disminución en la productividad
del suelo, pérdida de la biodiversidad y agotamiento de
las aguas dulces.
Junto con el rápido aumento de los precios de los principales productos básicos agrícolas, África se enfrenta paralelamente a un aumento del precio de la energía. La tendencia ascendente de los costes de la energía y la preocupación por los posibles efectos del cambio climático han dado un nuevo vigor al interés en energías alternativas, incluyendo la bioenergía y, más concretamente, en los biocarburantes. Este interés complica ulteriormente
la situación de la demanda de agua.
África presenta un enorme potencial para la expansión agrícola y a pesar de las fuentes de energía renovable y no renovable, de la enorme serie de compromisos nacionales, regionales e Internacionales , el continente se está quedando atrás en términos de energía y productividad agrícola, con graves implicaciones para el desarrollo y el balance comercial.
La Conferencia adoptará un marco de trabajo dinámico y con visión de futuro que tendrá en cuenta como punto de partida fundamentalmente las acciones y resultados definidos en la declaración de la Conferencia de Sirte de 2004 . Como han surgido nuevos y apremiantes retos que es necesario afrontar con firmeza, se debe agregar una fuerza renovada a los compromisos adquiridos en 2004, que no han sido plasmados en acciones concretas. En particular, es necesario abordar los nexos entre agua y energía de forma inmediata, concentrándose en los impactos del cambio climático sobre el uso de estos recursos y viceversa.
En el pasado reciente se ha progresado considerablemente en términos de compromisos nacionales, regionales e internacionales. En 2002 el Programa general de NEPAD para el desarrollo de la agricultura en África (CAADP, por sus siglas en inglés) ofreció un marco para las inversiones en la agricultura africana con énfasis especial en el control de agua. En Maputo, en 2003, los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Africana se comprometieron a destinar al menos el diez por ciento de sus recursos presupuestarios para la agricultura y el desarrollo rural. En 2004, la Declaración de Sirte se centró en las formas de implementación del desarrollo integrado y sostenible de la agricultura y del agua en África. En 2005, el Informe de la Comisión para África titulado "Nuestro interés común" puso en evidencia las necesidades de inversión en infraestructuras hidráulicas y energéticas. Desgraciadamente el progreso es aún demasiado lento y África se está quedando atrás en términos de energía y producción agrícola con graves implicaciones para el desarrollo y para el balance comercial.
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